El Huerto de Calisto y Melibea

Es éste, un jardín, privilegiado por su emplazamiento en el casco histórico de esta bella ciudad, favorecido por su presencia en la más alta literatura española, a través de ‘La Celestina’, peculiar por su distribución y sus magnificas vistas y conocido por ser un lugar de encuentro de parejas de enamorados.

El Huerto de Calisto y Melibea

El Huerto de Calisto y Melibea en la ciudad de Salamanca fue inaugurado el 12 de junio de 1981 y tiene una superficie de 2500 metros cuadrados. Este jardín cuenta con el encanto añadido por el ilustre escritor Fernando de Rojas que lo llena de magia gracias a la historia amorosa de los personajes que lo dan nombre, Calisto y Melibea.

Este lugar público tiene una distribución similar a la de los huertos de los monasterios, y cuenta con variadas especies de frutales y arbustos florales. Esta distribuido en distintos niveles y dividido por pasillos en cuadrícula que permite al ciudadano contemplar todas las especies desde bien cerca. Este lugar tiene muchas especies de flor, como lilos, rosales y plantas bianuales que son colocadas cada temporada, para dotarlo de un vivo colorido durante la primavera y el verano, porque durante el otoño este espacio se adapta a la época gracias al rojo de los ciruelos de flor y el cambio amarillo y posterior pérdida de hoja del resto de los diversos frutales que lo pueblan. Pero ninguna estación priva del verde a este bello oasis salmantino, pues en el mismo hay diversos olivos centenarios, armoniosos tejos podados en topiaria, prunus, palmeras y altos cipreses cómo más destacadas especies.

El Huerto de Calisto y Melibea

Tiene una sola puerta de entrada que lo protege del vandalismo por las noches, posee un pozo en el centro y en honor a la protagonista del libro que da nombre a este emblemático rincón de la ciudad, hay una escultura dedicada a esa vieja alcahueta, la Celestina.

El romanticismo de este lugar es elevado gracias a las parejas de estudiantes que lo visitan, pues es este, un rincón escondido a escasos metros de la prestigiosa facultad de filología de Salamanca. También es destacada su cercanía con la catedral de esta ciudad. Su situación goza de mayor suerte porque está situado en la parte interior de la muralla, con vistas a la ciudad desde una altura considerable otorgando al viandante una perspectiva panorámica impresionante.

Conoce más sobre el autor en su

Jardines de Villandry: amor y geometría

Un estampado vegetal de figuras trazadas a escuadra y compás con setos de boj. Alegorías del amor, el sol o la música al gusto renacentista… y del imaginario de un español que a comienzos del siglo XX decidió restaurar el castillo y los jardines. Estamos en Villandry, en el corazón del Loira.

Jardín de Villandry

Uno de los jardines temáticos más admirados de Villandry es el del Amor: cuatro cuadros con filigranas de boj que representan al sentimiento de los sentimientos en sus diferentes estadios.

1: El del Amor Tierno se dibuja con sencillos corazones rellenos de flores rosas entre las máscaras de un baile.

2: El Amor Apasionado, un caos calculado de corazones que se mezclan mientras se seducen; blancos, rosas y rojos, según su contenido de pasión.

3: Amor Infiel: los abanicos hablan de la volatilidad de los sentimientos, los cuernos no requieren explicación y en el centro del cuadrante, jirones de las cartas del engaño. Sus flores, amarillas, el color de la traición.

4: Amor Trágico: filos de cuchillos y espadas impregnadas de rojo-sangre se cruzan en duelo.

La simbología del amor sirve para todo Villandry porque es fruto de la pasión por el reino vegetal. El reputado doctor e investigador Joaquín Carvallo, nacido en Don Benito, Badajoz, abandonó su prometedora carrera científica en el equipo de Charles Richet, después laureado con el Nobel de Medicina, para dedicarse por entero al renacimiento de Villandry. Renacimiento en doble sentido: en 1906, con el dinero de su rica esposa norteamericana compró las ruinas del castillo, a punto de ser demolido.

En su explanada, el paisajismo de estilo inglés, mucho más barato de mantener, había sustituido a los jardines originales del siglo XVI. Carvallo preparó la revancha: estudió durante dos años el sentido, la simbología y la técnica renacentistas para reconstruir los jardines de Villandry según su personal imaginario. Gracias a su empeño hoy son el corazón romántico del valle romántico por excelencia, el del Loira; 350.000 visitas anuales lo atestiguan. Villandry no es un botánico, no se distingue por la variedad o el exotismo de sus especies sino por la calidad estética y sensorial lograda con el diseño de composiciones geométricas. Es la vegetación domada, planificada, para extraer de ella dos tipos simultáneos de belleza: natural, de cerca, y pictórica, de lejos.

Los dibujos, como densos motivos de un tapiz, cambian con las perspectivas y las distancias en el paseo. Los jardines se escalonan en terrazas a tres alturas buscando ese efecto, según la escuela del Renacimiento italiano, de la que bebe después el francés. El belvedere, y por supuesto las balconadas del castillo, ofrecen la perspectiva completa, abigarrada e impactante del cuadro. La geometría no solo se impone en el diseño de las figuras: las flores que rellenan algunas de ellas se distribuyen en plantillas regulares. De lejos parecen los puntos de color de las viñetas del arte pop (por ejemplo de Roy Lichtenstein).

Jardines de Villandry

Así, el boj y las plantas florales, sobre todo las rosas, son la materia prima del ajedrez de jardines que es Villandry. Los setos crean figuras simbólicas en el Jardín de la Música: triángulos de distintos tamaños recuerdan a liras y arpas; junto a ellos, los candelabros que antaño se distribuían entre los músicos para iluminar sus partituras. Las lavandas en los huecos de los macizos añaden aroma al tributo musical. Tributo auténtico en los veranos, cuando se organizan conciertos de música barroca en los jardines, de noche, con la iluminación de miles de velas.

El Jardín de las Cruces, por su parte, expresa el profundo sentido religioso del científico español: los setos de baja altura dibujan la Cruz de Malta, la del Languedoc ¡y un lauburu vasco!

Muy cerca, el clásico Laberinto no se diseñó para confundir: el camino hasta su centro es único y el paseante debe recorrerlo en sentido contrario para regresar al punto de partida.

Unos jardines en expansión 

Villandry sigue creciendo: hace unos años se inauguró el Jardín del Sol, trazado según planos preparatorios del propio Carvallo. Un estanque central representa el disco solar, de ocho puntas, flanqueado por caminos trenzados que forman nubes y triángulos entre rosales, y por un espacio de juegos infantiles rodeado de manzanos ornamentales.

El agua también protagoniza el paisajismo en las fuentes a las que conducen los caminos entre los setos, pero sobre todo en el gran canal central y escalonado con saltos consecutivos que amplifican el rumor de la corriente. De hecho, otro de los jardines temáticos se dedica al Agua, el del gran estanque con forma de espejo Luis XVI, cuyo marco se forma con una rampa pronunciada y más allá parterres de césped. Carpas, patos residentes y ocasionales cigüeñas animan la quietud intimista del lago-espejo.

Jardín de Villandry

El huerto más bello

Para el final, una de las joyas de Villandry por su originalidad y sentido del contraste: el Potager, el huerto situado en la terraza más baja del conjunto y por lo tanto con la mejor perspectiva panorámica desde el castillo. Nueve cuadrantes trazados con filigranas geométricas puras, que no reproducen formas de objetos y buscan el impacto estético mediante las distribuciones, las marcadas diferencias de color (cambiantes además con las estaciones) y las densidades de las plantas a lo largo de su maduración.

Ahí está el hallazgo: las especies usadas con tal sentido ornamental, apreciable una vez más en la distancia como los grandes lienzos, son de humildes zanahorias, coles, calabazas, apios, lombardas, pimientos, acelgas, puerros… eso sí, ennoblecidas con rosales. No se trata de un capricho, sino de una larga tradición.

El Renacimiento rescató esta costumbre de raíces medievales, cuando los monjes de las abadías convertían sus huertos en jardines que añadían placer estético y contemplativo a la simple necesidad de alimentarse.

El vecino Jardín Herbal hace lo propio con unas treinta especies de plantas medicinales, aromáticas y culinarias usadas en aquellos lejanos siglos.

Jardín Histórico de Puente San Miguel

Gigantescos árboles centenarios que han crecido a su entera libertad: ese es el extraordinario patrimonio del Jardín Histórico de Puente San Miguel, en Cantabria. Diez hectáreas de parque donde las copas llegan hasta el suelo y el verde se declina en tantos colores como especies.

Jardín Histórico de Puente San Miguel

El respeto a los árboles que expresa este magnífico jardín se remonta a tiempos de Santiago Sanz de Sautuola, que a mediados del siglo XIX escribía Conspiración de los jardineros contra los árboles. “¿No se podrá corregir el manejo y maña de estos mutiladores de hoz y cuchilla que son los causantes de que no veamos árboles sino en pintura?”, se preguntaba. “El hierro en la mano, cortan y podan; creen ellos que para que se disfrute del aire. Que dejen los árboles a la altura natural, con robustas quimas, o brazos, que son como alas y regeneran la naturaleza…”. El magnífico arborétum de Puente San Miguel que han hecho posible sus descendientes, las distintas generaciones de la familia Sanz de Sautuola-Botín, es su ideal realizado.

En este jardín, los árboles tocan el suelo con sus ramas y se alzan tan altos como lo han permitido los años y su naturaleza, sin otros condicionantes que la competencia por la luz y el espacio entre vecinos y la fuerza del viento, aquí la única autorizada a cercenar alguna rama.

El fundador de este jardín fue el descubridor de las cuevas de Altamira, Marcelino Sanz deSautuola, que hace 150 años plantó muchos de los ejemplares, autóctonos y exóticos, de lo que hoy se llama el jardín antiguo. A lo largo de los años su hija María y su nieto, Emilio Botín Sanz de Sautuola, añadirían muchos más y ampliarían la finca con la compra de otros terrenos. Hoy hay dos jardines más: el que diseñó al estilo español el pintor y paisajista sevillano Javier de Winthuysen en la década de los 50, y el nuevo, de hace poco más de 20 años, diseñado por la paisajista Carmen Añón. A ellos hay que añadir también 20 hectáreas de bosque.

Jardín Histórico de Puente San Miguel

El jardín antiguo

Una portalada blasonada típicamente cántabra da acceso a una avenida de hayas que conduce al jardín. En torno a la gran casa de 1900 se alzan los ejemplares plantados por Sautuola: la avenida de plátanos de sombra, hoy de altísimas copas, el extraordinario pinsapo plantado en 1880, los dos cedros de Atlas, las dos sequoyas, los eucaliptos de tronco descomunal (el mayor, de 10 metros de perímetro en la base).

Aún más antigua es la extraordinaria magnolia, que parece más bien un bosquecillo: su copa supera los 400 metros cuadrados de extensión. Detrás de ella destaca en verano el verde vivo y en otoño el rojo dorado de un gran ciprés de los pantanos. Y todo entre abundantes hayas y castaños de Indias, que a partir de octubre llenan de ocres el jardín, mientras el ginkgo biloba suelta en el suelo un manto de hojas amarillas. En este parque, más que las flores, juegan las grandes manchas de color de las copas de los árboles. Tejos, tuyas y criptomerias, araucarias con ramas de candelabro, encinas y robles, y las alineaciones de liquidámbar, tulíperos de Virginia y pinos piñoneros que lo separan del jardín nuevo, se suman a este mosaico de verdes.

Jardín Histórico de Puente San Miguel

El jardín nuevo

Alcornoques entre masas de abelias flanquean el camino que lleva al corazón del jardín nuevo, separado del antiguo por una tapia de piedra. Es un conjunto de rincones encantadores, como el estanque de los espejos, que reflejan el cielo y el verde en el agua entre densos muros de jazmines chinos. O la rosaleda, de perfumados rosales antiguos y pérgola de trepadores, que ofrece su máximo esplendor a finales de mayo y en septiembre.

No falta el romántico lago, con un puente japonés cubierto de glicinias entre los sauces, que conduce a una isla donde se alza un pequeño pabellón de piedra labrada. En otro rincón, la escultura de bronce de un niño contempla una cascada… No faltan un gran huerto y los invernaderos y viveros donde se preparan las plantas que un día formarán parte del jardín.

 Fotos de Verde es Vida

El jardín de la Albarda

El jardín mediterráneo de l’Albarda tiene una superficie aproximada de 50.000 metros cuadrados. Su calidad natural y paisajística ha sido reconocida con el premio Magíster de Paisajismo 2002, concedido por la Universidad Politécnica de Valencia.

Zona formal del jardín la albarda

Este jardín esta constituido mayoritariamente por plantas autóctonas (rupícolas, aromáticas y acuáticas). Así mismo, dispone de varios estanques para que insectos, aves, reptiles y anfibios acudan a él, encargándose de restablecer el equilibrio biológico de la zona.

En este jardín coexisten tres tipos diferentes de paisaje: un jardín formal que rodea el edificio, otro jardín tradicional valenciano con influencias árabes formados por diferentes bancales de naranjos, y una amplia zona que recrea las zonas boscosas  y matorrales propias de esa región que se extiende hasta fundirse con el paisaje que le rodea.

Se gestiona con un régimen de visitas público. Con frecuencia creciente también se llevan a cabo visitas de personas relacionadas, directa o indirectamente, con la jardinería: profesionales jardineros, científicos, paisajistas, etc.

Este jardín tiene como finalidad el dar a conocer y concenciar a la gente ha valorar la flora autóctona que como se puede apreciar en el jardín, no tiene nada que envidiar a la flora exótica que tanto se usa hoy en día en la jardinería moderna.

Entrada del jardín de la albarda

He aquí algunas de las ventajas que proporciona la creación de un jardín mediterráneo, un entorno en pro de la sostenibilidad:

 

–         Consumo reducido de agua: por su adaptación al clima y al suelo, las plantas autóctonas sólo necesitan de riego los dos primeros años tras su plantación. Después pueden sobrevivir únicamente con el agua que proporciona la lluvia, incluso en la época estival.

–         Un jardín económico: las plantas se compran una sola vez, pues en este entorno favorable su reproducción es dinámica. El único trabajo que requiere es el referido a ideas estéticas.

–         Contribuye a mantener nuestro paisaje: es muy importante la conservación de nuestro entorno. Si introducimos plantas autóctonas colaborarmos en el desarrollo de nuestra flora, de lo contrario únicamente la podríamos encontrar en parajes naturales de forma espontánea, espacios estos que cada día están más degradados y tendentes a la desaparición.

–         El jardín está bonito todo el año: en cada época del año hay una serie de plantas que están preparadas para florecer, se renuevan constantemente según las estaciones.

–         Su mantenimiento es respetuoso con el medio ambiente: no necesita el suo de plaguicidas, insecticidas, herbicidas, fertilizantes…, todos ellos, y con un uso inadecuad, son la causa más importante de contaminación del suelo. Es suficiente disponer de una charca dónde insectos, aves, reptiles y anfibios puedan acceder: éstos serán los encargados de restablecer el equilibrio biológico.

Rocalla del jardín de la albarda

Este jardín se encuentra en Pedreguer, en la urbanización la Sella (Alicante) C/ Baix vinalopó nº 8

www.fundem.org

 

Conoce más sobre el autor en su 

La Encina de las Tres Patas de Mendaza

La Encina de las Tres Patas de Mendaza es un árbol Quercus ilex situado en Mendaza, en Navarra al cual se le estima una edad de  1.200 años, siendo así la encina más vieja de España, y posiblemente del mundo.

Encina de tres patas

Foto de jolomediaz

Esta encina (Quercus ilex).Posee un diámetro de unos  7,70 metros y una altura 15,50 metros. Su copa es de 19,20 metros.  Su estado para la elevada edad que tiene es bueno, sin embargo tiene el interior hueco y se apoya únicamente en tres contrafuertes, dándole su característico nombre.

Esta encina posee numerosos reconocimientos. Una de sus distinciones es que en el año 1991 fue incluido en el Catálogo de Árboles Monumentales de Navarra y en el año  2007  le fue otorgado el Premio nacional al árbol más longevo en la primera edición del premio Árbol y Bosque del Año instituído por el Ministerio de Medio Ambiente y la Asociación Bosques sin Fronteras.

Detalle de la encina de tres patas

Foto de jolomediaz

Como veis son motivos más que suficientes para que esta fantástica y singular planta sea digna de admiración. Si queréis visitarla se encuentra en el municipio de Mendaza (Navarra)

El jardín que pintó Monet

El estanque de las ninfeas, el puente japonés, los sauces y flores que el pintor plasmó en sus telas con pincelada impresionista: todo está tal como él lo concibió, en Giverny, el jardín que sirvió de inspiración a Monet.

Jardín de Monet

Pintor, pero también jardinero, Claude Monet, padre del impresionismo, hizo de los jardines de su casa (clos) normanda de Giverny, su placer e inspiración.

Tenía 43 años cuando, en 1883, se instaló con su familia en esta finca de una hectárea, a 75 kilómetros de París y 60 de Ruán. La casa tenía un huerto separado en dos por una avenida de pinos: Monet lo convertiría en un jardín rico en perspectivas, asimetrías y cromatismo. Hizo quitar los pinos, excepto los dos más próximos a la casa, y aprovechó el desnivel del terreno para crear platabandas donde los macizos de flores de diferentes alturas crearan volúmenes y, sobre todo, mezclaran colores. Para ello combinó las flores más sencillas, como las amapolas y otras plantas silvestres, con especies más exquisitas, como los rosales trepadores, las clemátides y pasionarias, las peonías, las glicinias lilas y blancas, los árboles de flor. Cubrió la avenida central de arcos para dar juego a los rosales, y ornó la fachada rosada de la gran casa con enredaderas. En fin, Monet huía de los jardines cartesianos en busca de espacios más libres y sensoriales, más próximos a la espontaneidad natural. El jardinero-pintor perseguía, como en sus lienzos, la yuxtaposición de pinceladas de color, el paso de la luz entre las ramas, una atmósfera rica en impresiones.

Con el tiempo se apasionó por la botánica.

“Todo mi dinero va a parar a mi jardín”, confesó una vez; “me tiene subyugado”.

 

El jardín acuático: el estanque y las ninfeas

Diez años después de instalarse en Giverny, Monet adquirió otro terreno, contiguo a su propiedad, de la que sólo estaba separado por la vía del tren (ahora se llega a él por un paso subterráneo). Era ya tanto su prestigio, que el prefecto, a pesar de la oposición de los vecinos, le permitió utilizar el agua del canal del río Epte que lo atravesaba para inundar un pequeño foso y crear un estanque. “Sólo se trata de algo ornamental y para el placer visual”, se justificaba, “pero también de un motivo para pintar”. Luego agrandaría el espejo de agua hasta alcanzar su tamaño actual.

Monet concibió este paisaje acuático de formas asimétricas y curvas a inspiración de los jardines japoneses que conocía por las estampas que coleccionaba y que tanta influencia ejercieron en las composiciones impresionistas.

El puente japonés cubierto de glicinias, es, precisamente, uno de los protagonistas de este espacio, donde convive con sauces llorones, otros puentecillos, un bosque de bambú, y, especialmente, las célebres ninfeas que llenan de flores el agua durante el verano.

 

Un jardín para pintar

Pocas veces un pintor se preocupó con tanto esmero de plasmar en la naturaleza un motivo de inspiración antes de pintarlo: así, Monet crearía dos veces su obra. “Quiero pintar el aire donde se encuentran el puente, la casa, la barca. La belleza del aire donde están, y eso es imposible”, dijo. Será por eso que los pintó tantísimas veces. Después de la serie de cuadros con el puente japonés como elemento principal, se concentró en la de los nenúfares, hasta el gigantesco conjunto de las Ninfeas del Museo de l’Orangerie, de París, que se inauguró en 1927, un año después de su muerte, casi ciego, en Giverny. Dispuestos en círculo para crear la sensación de inmersión en un jardín, junto a las flores acuáticas, pintadas durante la mañana (Matin), con el reflejo de las nubes sobre el estanque (Les nuages), con reflejos verdosos (Reflets verts), aparecen los sauces asomándose sobre el agua y, cómo no, un amanecer (Soleil couchant) en el jardín. “He dedicado tiempo a comprender a mis ninfeas… Las había plantado por placer y las cultivaba sin pensar en pintarlas… Un paisaje no nos impregna en un día…”.

La ‘Terrona’, una de las encinas más grandes de España

La Terrona, es considerada tradicionalmente como la encina más grande de España, lo cual quiere decir que posiblemente sea la encina más grande del mundo.

La 'Terrona', la encina más vieja de España

Foto tomada de Naturaleza Extremeña

El estado de esta encina (Quercus ilex) es perfecto, aunque presenta problemas estáticos en su copa debido a su gran tamaño, por lo que recientemente se le han colocado unos apoyos para evitar la fractura de alguna de sus ramas.

Posee un único tronco, corto, grueso y hueco que se abre en tres grandes ramas principales confomando una copa baja pero ancha. Tiene una altura de 16 metros de altura un perímetro de tronco de 775 centímetros y su copa sobre el suelo proyecta unos 27 metros.

La encina ‘La Terrona’ se le calculan unos 800 años, convirtiéndose así en una de las encinas más grande y vieja de España, y posiblemente del mundo, siendo testigo y parte de la historia de la zona, ya que por el camino que hay en sus inmediaciones cabalgaron los Caballeros de la Orden Militar de Santiago, hacia la reconquista del siglo XIII.

Se encuentra en el municipio de Zarza de Montánchez (Cáceres) y se encuentra en el llamado Camino Real, en su trayectoria desde Zarza de Montánchez a Trujillo, en el paraje conocido con el nombre de Cordel de la Cumbre.

 

Conoce más sobre el autor en su 

Pino piñonero Romo

Os presentamos el Pino Romo, un árbol singular de la Sierra de Enguera (Valencia). Este majestuoso árbol es un Pino piñonero (Pinus pinea) al que se le estima una edad de más de 110 años.

 Pino piñonero RomoFoto cedida por ADENE

El Pino Romo es un árbol de grandes proporciones que se encuentra en la comarca del Canal de Navarrés. Es un Pino piñonero (Pinus pinea) de más de 110 años, que posee una altura de 18 metros y unos 20 de copa.

A pesar de estar solo en una llanura, soportando las inclemencias meteorológicas (nieve, lluvia, viento…), aunque posee algunas ramas rotas y la copa no es muy frondosa, se encuentra en un estado bueno.

Su tronco de corteza rojiza se encuentra marcado por numerosos grabados que suelen hacer las personas que pasan por allí. Este hecho, no supone ningún daño al árbol, pero supone un daño visual grande al tratarse de un árbol de estas características y demuestra los pocos escrúpulos e ignorancia que poseen ciertas personas.

Como ya hemos comentado, se encuentra en la localidad de Enguera, situado junto al camino que transcurre en dirección a Villaseca.

Los jardines del castillo de Sissinghurst

El famoso jardín del Castillo de Sissinghurst es para muchos jardineros su fuente de inspiración por su originalidad. Este jardín  que se creó en 1939 en el corazón de Kent, ya es uno de los jardines más importantes del siglo XX.

Camino que conduce por los jardines de Sissinghurst

Este jardín representa un lugar ideal de retiro, y una lección de paisajismo para cualquier jardinero veterano. Está debidamente separado, creando diferentes ambientes, siendo cada uno el resultado de años de planificación y experimentación, que dan como resultado un exitoso jardín.

El jardín está recorrido por una serie de avenidas y caminos cuidadosamente proyectados que conducen de un recinto a otro, cada uno dedicado a un tema distinto (un color, una sensación…), todos ellos planificados de una forma meticulosa: desde el famoso Jardín Blanco, un manto de liros, peoniías y aguileñas, a través de la Pradera de a Torre hasta el Jardín Rosa, cruzando por el Jardín de Primavera, repleto de las sinuosas espigas de Eremurus himalaieus, hacia el jardín de la Casa de campo.

Elegante paseo con un banco

La creadora del jardín fue Vita Sackville-West, la cual creo los diez jardines que componen al castillo de Sissinghurst, detrás de los cuales se halla un meticuloso trabajo en la elección de las plantas, los colores u los aromas, combinado con el esmerado cultivo de numerosas especies exóticas, que hoy en día, se sigue cuidando.

El estilo de los jardines es, sobretodo, de temporada, donde cada recinto ofrece un atractivo distinto en las diferentes estaciones del año, cambiando el jardín casi diariamente por su gran contenido en flores de diversas estaciones que se van sobreponiendo una sobre la otra.

Vistas desde el castillo del jardín

Fotos tomadas de www.invectis.co.uk

Ciprés de Santo Domingo de Silos

Este ciprés, que se encuentra en el claustro de Santo Domingo de Silos (Burgos) es el ciprés más viejo que podemos encontrar en nuestro país, un autentico superviviente que ha podido vivir ciertos acontecimientos importantes de nuestra historia, el cual se plantó en 1882.

Ciprés de Santo Domingo de Silos

Este impresionante ciprés es el único que queda dentro del monasterio, ya que en un principio habían 4 cipreses, uno en cada esquina., sin embargo debido a varios problemas, desaparecieron, quedando este único ciprés, el cual se cita en un poema de Gerardo Diego. Actualmente este ciprés es el emblema más famoso de esta ciudad, incluso de la historia de Castilla. Convirtiéndose en un motivo de singularidad, por razones históricas y por ser referente monumental del monasterio y de la localidad.

Este singular árbol  tiene una edad de 129 años, aunque no es mucho, forma parte de los árboles monumentales de nuestro país, ya que para un ciprés son muchos años. Tiene una altura de 25 metros, el cual puede observarse desde cierta distancia asomar entre la fachada de este monasterio.

A pesar de que hoy en día se encuentra más o menos sano, ha sufrido varias enfermedades y fisiopatias, ya que estuvo a punto de morir debido a una mala gestión del monasterio, ya que por cuestiones estéticas se plantó césped en sus pies. Esto hizo que debido al continuo riego del césped, hizo que este árbol sufriera un fuerte ahogamiento de sus raíces debido a un exceso de agua, secándose gran parte del árbol por asfixia. Sin embargo gracias a unos estudios, se averiguó que el problema de su raíces y se retiró rápidamente el cesped, pues el ciprés (Cupressus sempervirens) se trata de un árbol mediterráneo y esta acostumbrado a la sequía, pero no al encharcamiento, que el césped producía.