Un riachuelo artificial (1)

Un riachuelo serpenteante puede convertir tu jardín en un pequeño paraíso. Bordeándolo, podrás cultivar un buen número de preciosas plantas de ribera que contribuirán a la creación de un paisaje natural que, unido al tenue murmullo del curso del agua, te aportará momentos únicos de reposo y de placer.

Un riachuelo artificial

Para crear un efecto que imite a la naturaleza, el riachuelo de tu jardín debe nacer en un punto elevado. Su funcionamiento consiste en crear un estanque de cabecera en el punto más alto para que actúe de manantial, y el otro estanque colector construido al pie de la pendiente, con una bomba que devuelva el agua al estanque superior a través de una manguera enterrada, desde donde volverá a caer en un flujo continuo.

Esquema  de la instalación de un riachuelo

Para ello observa el jardín y decide cuál puede ser el mejor recorrido y la mejor dirección para el riachuelo; ten en cuenta que cuanto más largo sea el curso del agua, más natural será el resultado. Con la ayuda de un nivel, comprueba las pendientes y desniveles de la parcela y traza el curso del arroyo colocando una cuerda para marcarlo. La anchura puede variar como lo consideres más oportuno, siendo más rápido el curso del agua por las zonas estrechas y más lentas por las zonas más anchas.

 

No hace falta grandes pendientes, aunque te sugerimos que por lo menos la diferencia de cota sea de un palmo.

 

Materiales:

Para la construcción del riachuelo necesitas:

  • un revestimiento de butilo para estanque
  • una manguera que devuelva el agua
  • una cuerda para marcar la línea del curso del agua
  • una zapa para cavar la zanja
  • estacas o cuñas de madera
  • un nivel
  • arena fina para proteger el revestimiento por la parte inferior
  •  una bomba de agua sumergible de bajo voltaje
  • un transformador
  • gravilla lavada y piedras.

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